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Raquel en Québec (crónicas de Québec)

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Años después de haber visto en sueños o como en sueños este lugar, logré llegar en cuerpo y alma de la mano de un gran amor que precisamente nació en estas tierras gélidas y hermosas, de una naturaleza primigenia y arquitectura generosa, de un clima que produce en sus nativos una suerte de bipolaridad emocional y un pragmatismo que me es ajeno. Mi mejor viaje, mi ciudad en el mundo, el sitio en donde arrojé monedas para poder regresar porque existe algo que proviene de vidas pasadas. Yo nací en Québec , no sé cuándo ni cuántas veces, ni siquiera sé si lo he hecho como mujer o como hombre, pero es mi tierra ancestral, y Venecia es la otra parte que me completa.  Y el amor que allí me condujo sin saber de mis vidas pasadas ni de las de él mismo, también fue quien de mi mano viajó a Venecia en donde hemos tenido una vida anterior. Ambos vestíamos atuendos del carnaval y tras las máscaras nos reconocimos.  En Québec, tal reconocimiento fue en el Vieux-Port, lugar en d...

Estrella de mi alma

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Tesorito precioso, estrella de mi alma, (...) Anteanoche no me acuerdo de haber soñado. Ayer hice un esfuerzo y sí, soñé con vos. Entré a una alcoba, no era la tuya, sino desconocida. Estaba oscura, pero ardía una vela. Me acostumbré rápidamente. Estabas acostada en la cama dormida, desnuda, sin tapar, sobre la espalda. Me incliné, separé con cuidado tus piernas y noté con asombro que tenías un tupido pelo negro, enrulado, donde te depilás que me excitó mucho, y me pareció super-sexy. Empecé a pasar la lengua y noté que disfrutabas, pero aún dormida. Hasta sentí orgasmos varios tuyos y seguías como soñando, con gemiditos placenteros, pero sin desperarte. Me acosté con cuidado para que no te despiertes y ahí sí me desperté yo, con ganas de seguir en vivo el sueño.   Principessa bella, drága hercegnöm, besos mil de los nuestros Así eran las cartas que él le enviaba cada día, no cada tanto, sino diariamente, inyecciones cotidianas de romance, sobredosis d...

Croacia Kovacevic Malfitano

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Hija de un simpático verdulero croata y de una patética cantante de tango argentina, Croacia comenzó a dar sus primeros pasitos en el patio sucio de su casa estilo chorizo en el barrio de Villa Urquiza, en donde la tanguera y el muchacho de la lechuga nunca se dignaban a baldear como Dios manda, porque buenos eran, pero le daban poco al agua y al jabón. Entonces, la nena terminaba la jornada de caminata y caída, con las piernas y los brazos negros de mugre… y ella reía porque sus padres eran buenos y cariñosos. Croacia fue creciendo por fuera y por dentro, mientras sus padres empezaban a quedar relegados poquito a poco de su vida, no por desprecio de ella hacia ellos, sino por una falta total de intereses en común que fue provocando el distanciamiento. Mientras crecía, más parecía que Croacia pertenecía a otra familia. Empezó a observar a su padre, a escuchar lo que opinaba sobre las cosas, y se dio cuenta de que siempre había hablado de lo mismo: Los precios, la verdura, el mo...

Roberta

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Compré este cuaderno para descargarme cuando me siento sola y triste. No sé cómo empezar a escribir algo porque hoy precisamente, no siento la inspiración, pero desde aquel viaje a India, si bien sigo siendo tan occidental como antes y el olor del Ganges me trajo reminiscencias del Riachuelo y en consecuencia alguna náusea, algo nuevo y divino ha aflorado en la persona que soy. De otro modo, encontrándome en donde me encuentro hoy, ya estaría completamente desquiciada.  Es como si antes sintiera casi permanentemente una revolución interna caótica y ahora ese caos hubiera mermado y tomado forma; como si de un cuadro cubista, se llegara a uno de Leonardo por mutación natural. En mi interior reinaban el cubismo y la forma abstracta, y ahora sé concretamente qué me lastima, qué me duele y qué me hace gozar, vibrar y llenarme. Me conozco. Pensando en la escritura como camino hacia el autoconocimiento, empecé a escribir en forma poética para probar, pero mis poesías son p...

Alma

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Extrañamente o por mera distracción en cadena de unos cuantos, Ella no tenía nombre. Al no tenerlo, no la llamaban ni la mencionaban; nadie parecía reparar en Ella. Podría haberse llamado Melina, aunque después de pensarlo horas, le sonaba a mielina y en vez de mujer se sentía sustancia, fluído, química, un producto de la medicina. Mejor sería llamarse Amparo, nombre de heroína de historia sórdida de una España franquista... Sí, Amparo, una valiente mujer rebelde, y de esta manera creer fehacientemente que a su lado la gente se sentiría a resguardo;y por qué no, convertirse en dicho resguardo porque en definitiva, uno se convierte en lo que quiere ser... qué buenos son algunos nombres, qué sosos algunos otros. Decidió esperar unos días más, de todos modos, qué más daba esperar unos días si tenía treinta años cumplidos y aún no llevaba un nombre debido a que sus padres se habían olvidado de ella y nunca más la buscaron, ni la mencionaron, ni siquiera dejó huella en el vientre de e...