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Elsa

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Elsa es mala y no es rubia, pero ella piensa que las empleadas rubias valen más que las morenas. Qué poco se ha de querer Elsa a sí misma, si ella no fue blonda ni en esta vida ni en la anterior; lo que sí ha sido es una hiena que involucionó en jueza. Ay, Elsa... con rostro de enajenada dictaminás los destinos de gente más lúcida que vos y sos capaz de amargarle el día a unas cuantas personas, solamente dejando que la mugre de tu alma recaiga verbalmente sobre unas chicas que nada tienen que ver con tus bajezas. No sos la Elsa de Lohengrin, la bella y dulce que espera al cisne para embarcar junto a su amado, ni te rodea una música excelsa: Sos un nido de mentiras y estás ocupando un sitio que te queda demasiado grande. No, definitivamente, no sos esa Elsa y me cuesta identificar tu nombre con la mujer amarga y llena de odio que ofendió usando un arma vil: La segregación. Cuando te escuché por la radio tan indignada ante la carencia de rubias en ese sitio, creí que mínimamente eras ...

Simonetta

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Simonetta entre la espada y la pared, entre el sí y el no, prefiriendo el no al sí; entre dejar que su padre muera en el dolor físico o aceptar la lascivia de Erik, evitando así el quejumbroso acontecer de quien la cuidara como padre y madre a la vez. Porque la vida se trata de negociar, parece ser, porque los cuentos de hadas tejidos en la imaginación de Simonetta, la dulce y tosca muchacha condenada a elegir entre dos opciones desagradables... esos cuentos de hadas parecen haber sido escritos para otras y no para ella. Erik, el hábil observador de la necesidad ajena, el prestamista despiadado, el carnicero de sueños de Simonettas cargadas de esperanzas que no llegan a completarse en una realidad concreta. Y sí, entre ver al padre emitiendo esos sonidos taladrantes que la hacen sentir culpable por ser joven y sana... y tener que soportar el aliento del asqueroso sobre su cuerpo, es preferible tolerar al cerdo prestamista y que un padre, su padre tenga los remedios que detendrán o a...

Generosa

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Generosa se despertó con náusea. Había estado soñando que por la fuerza le metían torta de chocolate en la boca, entrándole algunas partículas en la nariz sin darle tiempo a la deglución, por lo que la desesperaba la incapacidad para respirar, teniendo esa mano fuerte de hombre sujetándole el cuello mientras otra mano áspera de una mujer ingresaba la masa (en otro momento deseada) en sus fauces que no daban abasto. De algún modo, conociendo la técnica, le apretaban un punto al costado de la cara que producía la apertura de las mandíbulas... todas esas sensaciones aún persistían vivamente, sobre todo la opresión del hombre y la aspereza de los dedos toscos de una joven bonita, belleza que no condecía con la actitud y mirada sádica, anhelante del ahogo de Generosa. Quedó tan agotada del sueño, tan fatigada al despertar con la sensación de que alguien oprimía su tráquea, de haber comido abusivamente lo que en realidad ni había tocado, que decidió encender la televisión para cambiar su...

Roxana Greco

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Roxana levantaba su pelo ensortijado, se colocaba una hebilla mecánicamente, señal de estoyenmicasaynecesitoponermecómoda , y se disponía a planchar una pila descomunal de ropa tras habérsele frustrado un paseo anhelado, aunque no fuese la culpa de nadie más que del destino que prefirió dejarla una vez más acicalada, para terminar haciendo las compras en el supermercado. Fue entonces el turno de las compras y de la plancha; contra la suerte no se puede, no hay caso. Cuando el pobre se divierte, blablabla... dice el refrán... blabla... si pusiera un circo, me crecerían los enanos , blablabla, pensaba Roxana Greco pasando la plancha al compás de la música y absorbiendo el aroma delicioso del calor mezclado con el enjuague para la ropa... un aroma de fresias y jazmines, sutil, fragancia a limpieza, a relax. Roció con un poco de esencia de bambú antes de guardar su columna policromática de ropa de cama, toallas, camisetas, camisones y medias. Se oía de fondo la música elegida, en este ...

Ornella

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Muerta de sed, se encontró abrigada de más y caminando por una calle sucia cuyas veredas pringosas la obligaban a deslizarse con cuidado para no resbalarse y caer, haciendo de sus circunstancias, algo peor. ¿Qué barrio era? Alguno, pero alguno bien desconocido. ¿Por qué estaba allí? Recordaba haber discutido con alguien minutos antes, algo acerca de canto, nada personal. La casa en la que previamente había permanecido para sostener dicha charla tan poco amable, estaba pintada (por dentro) de un verde chillón contrastante con el gusto de Ornella. Mientras sentada a la mesa llena de trapos y migas que otros habían dejado, ella miraba esos muros, tenía ganas de salir corriendo. Evidentemente salió corriendo por unas escaleras angostas de madera semi podrida que cada tres o cuatro peldaños amenazaban con sucumbir. Ornella temía por sus piernas, tenía miedo de lastimarse, de sentir dolor otra vez. Una vez en la calle, vino a descubrir que estaba demasiado bien vestida para el sitio...

Inés

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Inés... viviendo siempre al revés, al punto que ella misma se ha puesto Séni de apodo, así puede honrar su alrevesismo como Dios manda, y dar vuelta todo lo que se cierne en torno a ella: su pasado, su presente, su nombre, su espejo, sus cuadros y los colores, deviniendo Daltoniana casi por necesidad. Inés, con su nombre y vida al revés... ¿Qué pensarías si supieras que tantos te han amado y ni siquiera llegaste a saberlo? ¿Pero qué es lo que lleva a los hombres a callar y a hablar diez, veinte años después, cuando ya es tarde? Que después no la juzguen a Inés por sus dobleces, a Séni por sus elecciones y dudas, por su visión diferente de cómo debe ser vivida una vida para ser denominada "Vida" y no algo más insignificante que eso. Ya no sé hasta qué punto puedo decir que ella vive al revés, si lo que ha dado vuelta es tan lícito como cuando lavamos pantalones y los bolsillos se salen hacia el otro lado, pudiendo así ver lo que realmente contienen esos bolsillos y lo qu...

Uma

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Uma lectora, escritora, pensante, dibujante, sustantivo común como persona, como mujer, escritora y artista... sustantivo propio como Uma, adjetivo calificativo como armoniosa, sensata y melancólica... participio presente como pensante y ardiente; participio pasado como amada, venerada y a veces, olvidada. Qué vida la de algunas bellas, alejadas del mundanal ruido mientras las otras, las comunes, circulan entre los mortales con ímpetus de Marseillaise. Qué candor el de las Umas del mundo que leen a Márai mientras una delicia de chocolate amargo se deshace en sus bocas dulces, de besos solamente dados al elegido, al que se hizo acreedor de un pedacito de cielo que en momentos deviene en infierno, y no precisamente en el de Dante Alighieri. Uma protectora y protegida; amada y amante, sinuosa y avasallante, contemplativa y de armas tomar, una tormenta guardada en una caja, un volcán en el freezer. Creadora de historias de horror solamente para dar rienda suelta a su morbo; artí...