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Jimena

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Jimena tiene un nombre formidable, generoso, femenino, lleno de gracia. Es nombre de mujer feliz y no demasiado complicada en los niveles de complicación en que otras nos hallamos inmersas fuera de nuestra voluntad. Así avanza ella con su nombre de turrón y confituras finas, Doña Jimena, manjar de las bocas más pretensiosas. En una de sus andanzas, ella se cruza con David y ambos se enamoran perdidamente y sin remedio, pero ella está "casada con" o fue "cazada por" Iván, un hombre amable, lejano a la maldad y también distante de la pasión encendida. Jimena se ve reflejada en los ojos de David y comprende todo en un instante: Existe el alma gemela, y ahí está, frente a ella, frente a su blusa vaporosa que no permite disimular los latidos de ese corazón lleno de emoción. David le sonríe; ha visto por un movimiento de la mano de ella, el anillo de matrimonio y sabe que a menos que el mundo vuelva a ser creado, estas historias de caminos bifurcados, se repetirán etern...

Monna Lisa

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Cuando era demasiado joven para saber ciertas verdades universales archiconocidas, pensaba que ella era el logotipo del dulce de batata que mis padres y abuelos compraban para el postre. La hermosa lata redonda contenedora del premio para después de la cena, me hizo identificar a esta dama de sonrisa esbozada con el almíbar que bañaba ese dulce delicioso, que como todo, con los años fue cambiando. Para la nena de cinco o seis años que yo fui, La Gioconda era la señora que fundó la fábrica de dulces y ni se me ocurrió preguntarle a nadie si tal hipótesis era correcta, así que con mi teoría marché al colegio y escribí con total disposición, una redacción acerca de la vida de una viuda rica que se dedicó a fabricar dulce de membrillo, de batata, batata con chocolate y batata con guindas para no pensar en el marido muerto. Esa tarde o la siguiente, mi padre reveló el secreto y no me gustó que la de mi lata fuera una impostora. Muchos años después, cursando la materia Historia del Arte...

Arnalta

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Cuando conocí a Arnalta, reparé en que tenía un aroma distinto. Irradiaba siempre su fragancia perfecta, aún si hacía horas que se encontraba trabajando o caminando a la intemperie, sometida a vientos y soles rotundos. Y eso me atrapó de su persona porque la sentí supraterrenal, atemporal, mezcla de carne y espíritu. Querida Arnalta, me hice tu amiga y me llevaste a pastar contigo; me diste de beber cuando tuve sed y de comer cuando me faltó el pan... ¿Cómo podría retribuírtelo? Tú me has dicho que simplemente siendo quien soy, sin tapujos ni ambages. ¿Tan fácil es, querida amiga? ¿Con tan poco puedo ser yo acreedora de tu amistad tan valiosa para mí? Sí--me respondes--ven conmigo Rebeca. Yo te llevaré hacia otros soles, a otras tierras que te preservarán de las tristezas que te embargan el alma y van quitándote de a poco la energía vital. Sí, Arnalta, mi amiga, te seguiré... porque no puedo continuar este martirio. Sólo condúceme y cerraré mis ojos para no memorizar el camino; no se...

Elsa

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Elsa es mala y no es rubia, pero ella piensa que las empleadas rubias valen más que las morenas. Qué poco se ha de querer Elsa a sí misma, si ella no fue blonda ni en esta vida ni en la anterior; lo que sí ha sido es una hiena que involucionó en jueza. Ay, Elsa... con rostro de enajenada dictaminás los destinos de gente más lúcida que vos y sos capaz de amargarle el día a unas cuantas personas, solamente dejando que la mugre de tu alma recaiga verbalmente sobre unas chicas que nada tienen que ver con tus bajezas. No sos la Elsa de Lohengrin, la bella y dulce que espera al cisne para embarcar junto a su amado, ni te rodea una música excelsa: Sos un nido de mentiras y estás ocupando un sitio que te queda demasiado grande. No, definitivamente, no sos esa Elsa y me cuesta identificar tu nombre con la mujer amarga y llena de odio que ofendió usando un arma vil: La segregación. Cuando te escuché por la radio tan indignada ante la carencia de rubias en ese sitio, creí que mínimamente eras ...

Simonetta

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Simonetta entre la espada y la pared, entre el sí y el no, prefiriendo el no al sí; entre dejar que su padre muera en el dolor físico o aceptar la lascivia de Erik, evitando así el quejumbroso acontecer de quien la cuidara como padre y madre a la vez. Porque la vida se trata de negociar, parece ser, porque los cuentos de hadas tejidos en la imaginación de Simonetta, la dulce y tosca muchacha condenada a elegir entre dos opciones desagradables... esos cuentos de hadas parecen haber sido escritos para otras y no para ella. Erik, el hábil observador de la necesidad ajena, el prestamista despiadado, el carnicero de sueños de Simonettas cargadas de esperanzas que no llegan a completarse en una realidad concreta. Y sí, entre ver al padre emitiendo esos sonidos taladrantes que la hacen sentir culpable por ser joven y sana... y tener que soportar el aliento del asqueroso sobre su cuerpo, es preferible tolerar al cerdo prestamista y que un padre, su padre tenga los remedios que detendrán o a...

Generosa

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Generosa se despertó con náusea. Había estado soñando que por la fuerza le metían torta de chocolate en la boca, entrándole algunas partículas en la nariz sin darle tiempo a la deglución, por lo que la desesperaba la incapacidad para respirar, teniendo esa mano fuerte de hombre sujetándole el cuello mientras otra mano áspera de una mujer ingresaba la masa (en otro momento deseada) en sus fauces que no daban abasto. De algún modo, conociendo la técnica, le apretaban un punto al costado de la cara que producía la apertura de las mandíbulas... todas esas sensaciones aún persistían vivamente, sobre todo la opresión del hombre y la aspereza de los dedos toscos de una joven bonita, belleza que no condecía con la actitud y mirada sádica, anhelante del ahogo de Generosa. Quedó tan agotada del sueño, tan fatigada al despertar con la sensación de que alguien oprimía su tráquea, de haber comido abusivamente lo que en realidad ni había tocado, que decidió encender la televisión para cambiar su...

Roxana Greco

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Roxana levantaba su pelo ensortijado, se colocaba una hebilla mecánicamente, señal de estoyenmicasaynecesitoponermecómoda , y se disponía a planchar una pila descomunal de ropa tras habérsele frustrado un paseo anhelado, aunque no fuese la culpa de nadie más que del destino que prefirió dejarla una vez más acicalada, para terminar haciendo las compras en el supermercado. Fue entonces el turno de las compras y de la plancha; contra la suerte no se puede, no hay caso. Cuando el pobre se divierte, blablabla... dice el refrán... blabla... si pusiera un circo, me crecerían los enanos , blablabla, pensaba Roxana Greco pasando la plancha al compás de la música y absorbiendo el aroma delicioso del calor mezclado con el enjuague para la ropa... un aroma de fresias y jazmines, sutil, fragancia a limpieza, a relax. Roció con un poco de esencia de bambú antes de guardar su columna policromática de ropa de cama, toallas, camisetas, camisones y medias. Se oía de fondo la música elegida, en este ...