Entradas

Nina

Imagen
Nina despertó y ésa no era su cama, ni su dormitorio, ni su casa. El techo era más alto, las paredes más separadas entre sí y ni siquiera coincidían el color o el aroma del ambiente, porque su casa, la verdadera y no esta porquería en la que aparecía ahora, olía siempre a azahares y jazmines, cuando la nueva realidad destilaba el tufillo de cuando los tapizados y la ropa no están limpios, algo rancio. Cosa rara, inexplicable, fuera de todo razonamiento. Nina se levantó sintiendo que el cuerpo latía y vibraba a cada paso; podía escuchar el torrente sanguíneo navegando por su cuerpo y hasta un ruido sordo de los pensamientos batallando en su cerebro. La sensación era de vértigo e hipersensibilidad, así también sus emociones que la zarandeaban de un lado a otro... deja de zarandear al bebé que lo vas a marear... jeda ed radanzear la ebeb equ sav a raemear... Pensó en que probablemente estaba drogada y casi de inmediato recordó que había pasado en su casa los últimos dos días, ...

Perla

Imagen
Perla paseaba al aire libre. Ir a lugares plagados de gente no era lo suyo. Las multitudes la ahogaban y tenía una marcada tendencia a la claustrofobia. Las pocas veces que se encontraba sumándose al paseo multitudinario, se sentía como parte del ganado que va al matadero y no como alguien que supuestamente está paseando relajadamente, amén de que para poder pensar y encontrarse con ella misma, no eran el ruido y las compras sus mejores aliados. Ella necesitaba echar viento a su cerebro superpoblado. Perla amaba ir a los parques, ver patos y cisnes nadando en familia y pájaros cantando a viva voce aprovechando las franjas de vida aún en pie, como esa porción a cielo abierto sobre el parque de Perla... Y ella tenía de todo en la vida menos la tranquilidad. Había matado a su madre, y sin que nadie se diera cuenta. La muerta ya estaba muerta de antes porque nadie la reclamaba ni se preguntaba por su paradero. A veces, Perla padecía ciertos blancos en su mente y confundía ...

Donata

Imagen
Donata vivía en la calle del amor e ingenuamente creía que quienes allí habitaban no podrían escapar al destino inexorable de ser amados perdidamente, en las buenas y en las malas. Pobre Donata con sus pensamientos, aunque gracias a ellos, al menos sostuvo su llama interna hasta el día en que mirando el horizonte, respiró por última vez y murió. Ella siempre estuvo segura de que sería amada y por eso, no dejó de tener esperanzas, y esas esperanzas la sostuvieron hasta esa tarde en que se dio por vencida.

Mia

Imagen
Mia despertó. Se sentó en la cama con dificultad. Tenía la nariz tapada, le picaban los ojos, le dolía la cabeza y sentía un calor abrumador. Últimamente no dormía bien, tal vez porque tenía que resolver ciertas cuestiones, tomar ciertas decisiones que iban dilatándose en el tiempo mucho más de lo imaginado, y mientras tanto, sus sueños variados oscilaban entre la más hilarante y ridícula situación, y la pesadilla más aterradora sin efectos especiales, pero con muchos elementos naturales, reales, tangibles, que podrían volver loco al más cuerdo. En su vida onírica se gestaban todas las historias de ficción que Mia escribía posteriormente, lo cual era una ventaja, una muy grande, aunque también dormida era cuando emergían las pistas clave acerca de todo lo referente a su vida fuera de la ficción. Y a veces uno no quiere ver las cosas tal cual son. Mia no necesitaba pedir consejos a otros porque los solos efectos del sueño, le brindaban toda respuesta; entonces, sólo se trataba de dor...

Elba

Imagen
La llamaron Elba porque nació al alba, y como Alba era ya la madre, la hija sólo poseería la variante de la E, que la conduciría por otros caminos, otras experiencias de vida, una senda quizás zigzagueante al contar con dos vocales y no solamente con una repetida: Elba-Alba, e a, a a.  Elba asomó su tibia cabeza húmeda llena de placenta, a las horas en que el sol despunta y la aurora se instala, un rato, ese instante mágico que perdura lo justo para no morir de estremecimiento ante belleza tal, y permanece lo suficiente como para poder gozar del milagro sin la ansiedad por el tiempo que se va.  El padre se llamaba Bautista y él mismo bautizó a la niña en las aguas del mar, aquel verano en que la hija deseada cumplió dos años. Y los tres juntos jugaron en la playa durante horas, mirándose, riendo y no pensando en las miserias humanas que opacan lo puro. Porque Alba y Bautista eran buenos y así permanecieron en la memoria de Elba para siempre, como dos almas gemelas que se ha...

Violeta

Imagen
Lejana, muy lejana a la cumbia y a la bailanta, existe Violeta y aunque su nombre provoca que una parte de sus alumnos le canten No la dejes ir, no la dejes ir, ¿por qué? te lo digo yo, ¿Quién es? Violeta, y se va sin decir adiós... esta Violeta pertenece a un mundo de sinfonías y melodías cadenciosas, arias y preludios ejecutados por violines, violas y cellos, también algún saxo tenor jazzeando en esas noches de wok, risas, besos y buena compañía.  Ella, Violeta, enseña música en dos escuelas secundarias; una en San Isidro y la otra, en Isidro Casanova. Y en sus momentos de pavada cotidianos, que los tiene y sin remedio, piensa en que Isidro es santo y casanova al mismo tiempo y eso constituye una contradicción (para ella al menos).  Los viajes en tren y colectivo le permiten meditar, comparar, analizar el mundo en el que vive, en el que vivimos, un universo que para algunos es de bailanta y para otros, de ópera, en donde muchos braman por comer y otros desechan comida. V...

Prue

Imagen
Ya que sus padres habían cometido el casi sacrilegio de llamar a sus hijas con sustantivos abstractos, Prudencia eligió que le dijeran Prue para así sobrellevar un nombre que la marcaba, limitándola a ser prudente y a no sobresalir, por más que era bonita y buena. Mientras sus queridos y extravagantes padres la llamaban Prude, ella averiguaba a escondidas en el registro civil, si existía alguna manera de pasar de Prudencia a Prue o a algún nombre menos controversial, trámite que fue absolutamente inútil. Entonces se amigó con su nombre y se preguntó qué habría sido de su vida llamándose Selva o Antonella, Ana, Giannina o Violeta, Chiara, Stella, Rebeca o Julieta. Cada nombre diría algo sobre la dueña o al menos querría decirlo; posiblemente sus padres habrían pensado que sus hijas Esperanza, Prudencia, Socorro y Remedios salvarían a la humanidad con tanta virtud junta. Tal vez había sido un capricho o uno de esos juegos extraños en los que caen algunas parejas que parecen armar las ...