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Elizabeth

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La pequeña Elizabeth, con seis días de edad, fue proclamada reina. Ya empezó su vida en medio de una mezcla de pañales y coronas, protocolo y trono, escuchando mucho más que esas palabritas dulces inventadas para los bebés, esas pavaditas dichas con vocecitas deformadas de personajes que a los niños tanto encantan. Coronaron a Elizabeth a los nueve meses y fue noticia en todas las cortes de Europa. La crème de la crème se reunía para departir acerca de la juventud extrema de la monarca talle extra small, cuyo destino matrimonial ya había sido trazado cuando aún tomaba del pecho de su madre. En el día de la coronación, vistieron a la pequeña Elizabeth con pesados trajes reales en miniatura. Una capa carmesí de terciopelo fue sujetada alrededor de su cuello minúsculo con un pequeño gancho forrado de armiño, y junto a las joyas cosidas al satén con las mangas que colgaban largas, se envolvió a la niña, que podía incorporarse pero no caminar. Fue llevada por Lord Ha...

Tragedia

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O su madre era ávida lectora de García Lorca y quiso ganarle a Angustias y Martirio de La casa de Bernarda Alba , o su padre era un actor de raza que tras haber dejado desparramados en algún sitio del mundo a sus mellizos Drama y Comedia, frutos de un amorío casual con una gitana clarividente, se sintió en la obligación de llamar nada menos que TRAGEDIA a su tercera hija inocente. El caso es que la joven se llamaba así y a nadie le daba por apocoparle el nombre, ni se les ocurría llamarla Camila, Mariana, Paula, Daniela, Sabrina, Glenda, Ivana o Belén... algún nombre decente. De hecho, hay mucha gente que se llama Ifigenia y se hace decir Elsa, o fue infelizmente bautizada como Nicanora y for export es Nora. Podría haber sucedido... Y Tragedia era una chica muy cómica, graciosa y extrovertida, que de tragedia no tenía más que el rótulo porque ella era una campanita tintineante que solamente ofrecía cosas buenas y generaba un afecto inmediato del otro la...

Raquel

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Mirando intensamente la velita violeta con brillantina plateada, instantes después de haberse apagado la luz para acometer tal instancia, y concentrada en el fulgor de la llama, Raquel pidió sus tres deseos, que no fueron en realidad tres, sino el mismo solicitado de tres maneras diferentes, esperando que Dios, Zeus, San Gennaro o el Cosmos se lo concedieran, y sosteniendo la decisión de difamar a cada uno de ellos por embustero, en caso de no obtener respuesta alguna.

Nina

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Nina despertó y ésa no era su cama, ni su dormitorio, ni su casa. El techo era más alto, las paredes más separadas entre sí y ni siquiera coincidían el color o el aroma del ambiente, porque su casa, la verdadera y no esta porquería en la que aparecía ahora, olía siempre a azahares y jazmines, cuando la nueva realidad destilaba el tufillo de cuando los tapizados y la ropa no están limpios, algo rancio. Cosa rara, inexplicable, fuera de todo razonamiento. Nina se levantó sintiendo que el cuerpo latía y vibraba a cada paso; podía escuchar el torrente sanguíneo navegando por su cuerpo y hasta un ruido sordo de los pensamientos batallando en su cerebro. La sensación era de vértigo e hipersensibilidad, así también sus emociones que la zarandeaban de un lado a otro... deja de zarandear al bebé que lo vas a marear... jeda ed radanzear la ebeb equ sav a raemear... Pensó en que probablemente estaba drogada y casi de inmediato recordó que había pasado en su casa los últimos dos días, ...

Perla

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Perla paseaba al aire libre. Ir a lugares plagados de gente no era lo suyo. Las multitudes la ahogaban y tenía una marcada tendencia a la claustrofobia. Las pocas veces que se encontraba sumándose al paseo multitudinario, se sentía como parte del ganado que va al matadero y no como alguien que supuestamente está paseando relajadamente, amén de que para poder pensar y encontrarse con ella misma, no eran el ruido y las compras sus mejores aliados. Ella necesitaba echar viento a su cerebro superpoblado. Perla amaba ir a los parques, ver patos y cisnes nadando en familia y pájaros cantando a viva voce aprovechando las franjas de vida aún en pie, como esa porción a cielo abierto sobre el parque de Perla... Y ella tenía de todo en la vida menos la tranquilidad. Había matado a su madre, y sin que nadie se diera cuenta. La muerta ya estaba muerta de antes porque nadie la reclamaba ni se preguntaba por su paradero. A veces, Perla padecía ciertos blancos en su mente y confundía ...

Donata

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Donata vivía en la calle del amor e ingenuamente creía que quienes allí habitaban no podrían escapar al destino inexorable de ser amados perdidamente, en las buenas y en las malas. Pobre Donata con sus pensamientos, aunque gracias a ellos, al menos sostuvo su llama interna hasta el día en que mirando el horizonte, respiró por última vez y murió. Ella siempre estuvo segura de que sería amada y por eso, no dejó de tener esperanzas, y esas esperanzas la sostuvieron hasta esa tarde en que se dio por vencida.

Mia

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Mia despertó. Se sentó en la cama con dificultad. Tenía la nariz tapada, le picaban los ojos, le dolía la cabeza y sentía un calor abrumador. Últimamente no dormía bien, tal vez porque tenía que resolver ciertas cuestiones, tomar ciertas decisiones que iban dilatándose en el tiempo mucho más de lo imaginado, y mientras tanto, sus sueños variados oscilaban entre la más hilarante y ridícula situación, y la pesadilla más aterradora sin efectos especiales, pero con muchos elementos naturales, reales, tangibles, que podrían volver loco al más cuerdo. En su vida onírica se gestaban todas las historias de ficción que Mia escribía posteriormente, lo cual era una ventaja, una muy grande, aunque también dormida era cuando emergían las pistas clave acerca de todo lo referente a su vida fuera de la ficción. Y a veces uno no quiere ver las cosas tal cual son. Mia no necesitaba pedir consejos a otros porque los solos efectos del sueño, le brindaban toda respuesta; entonces, sólo se trataba de dor...